domingo, 27 de diciembre de 2009

FIN DE AÑO

Y finalmente llegó. El tiempo, ese que tanto tenenmos en cuenta, y es natural, parece que nos corre.
Como terminamos supuestamente este año? Como siempre entre balances y cansancio. Entre alegrías y penas de amor.
Entre recuerdos de los que suponemos fueron tiempo mejores... A veces me pregunto cuanto importa comerse la cabeza, si no aprendimos a disfrutar el día a día, el mimo robado a algún chamuyero, el abrazo del hijo o del ahijado, todas las pavadas que nos hicieron reír, aunque sea un ratito. Aquella torpeza, aquella cartera olvidada en el Mc, esa puerta que se abría de de una patada y no con una tarjeta magnética.
Las tardes de mates con amigos, las joditas molestas de los alumnos, aquella persona que jamás pensaste conocer.
Ojalá que más allá de lo que vivan cada uno de uds, amigos, para los que han seguido mi blog, mil gracias, es una de esas cosas que me han hecho muy feliz, y deseo que todos arranquemos como siempre digo, en mi ser optimista a pesar del tsunami, piu avanti!! se puede, no decaigan, no se rindan, el que tiene un amor que lo cuide, el que lo encontró que lo agarre bien fuerte, díganle te quiero y te extraño a todos los que amen, aunque parezca redundante, y ojalá el universo nos encuentre juntos, aunque sea virtualmente el año que se avecina. " Con un amor, sin un amor, con la sonrisa en el ojal, con la sonrisa que florece a veces, a lo mejor resulta bien... sólo se trata de vivir" .
Paz. Lera.

sábado, 3 de octubre de 2009

EL ARTE DE ARMAR CIRCOS

Circos. Pienso en ellos y por una cantidad de motivos, me generan tristeza.

Será tal vez porque son nómades, porque existe una praxis que se repite una y otra vez para armarlos y desarmarlos rápidamente.

Por la imposibilidad de arraigo y supongo, el desarrollo de una capacidad para vincularse con un lugar y su gente sabiendo que la partida es inminente y que donde estuvo posada la carpa, volverá a quedar un potrero vacío, con una zona de pasto aplastado y amarillento, con todos los pozos y marcas que enterrados a martillazos hicieron los fierros que se clavaron para sostener la estructura.

Tomo la imagen de un solo actor del mismo. Él tienen la rutina de preparar un show, quizás siempre el mismo y estereotipado acto que se repite noche tras noche conmoviéndolo mientras lo realiza, aún sabiendo que nadie ve su ser detrás del disfraz. Me quedo con imágenes, estéticas, hermosas. Esas que promueven una emoción cuasi creíble y volviendo a las imágenes, quedo inundada del ataque de sensaciones que me genera y me pregunto ¿qué esconde tras la muralla? ¿Qué tapa ese maquillaje? ¿Por qué este cuerpo necesita ser sostenido por el histrionaje?

Y siempre vuelvo a caer en mi lugar común, no puedo para de hacerme preguntas. Preguntas que por otro lado sé que no tendrán respuesta; por lo tanto sé también que me quedaré con mis hipótesis y con la curiosidad sin resolver.

Y si le pregunto al actor, me devolverá un mar de palabras en un discurso armado que forman parte del atuendo para el acto. Sólo a través de los fallidos o de saber que recurre a una palabra y no a otra sin saberlo escucho que desesperadamente siente que tiene que zafar. Tal vez hasta supone que lo estoy acorralando y como ya fue cazado una y mil veces cuando pudo salir del circo por un tiempo, se asusta y vuelve a buscar rápidamente las palabras que no le prometen nada pero que le devuelven el personaje que quiere mostrar.

Entonces dejo al actor y decido quedarme con lo que disfruté del acto. A pesar de que también escuché que encontraría una pieza maravillosa en mi excavación arqueológica, no puedo osar intrusar lo que tan meticulosamente han enterrado y callo.

Sería fascinante poder penetrar ese sentimiento y tal vez liberarlo por que la parte apasionada del artista que se expresa con sonidos instintivos, animales y salvajes; esos si los puede largar despojados de todo, el desenlace de su obra es absolutamente real; mezcla de éxtasis y sufrimiento “porque se termina”.

Y vuelvo a pensar ¡Cuántos circos visitaré sin darme cuenta! ; porque como no me gustan, compro la entrada por mi auto engaño y me quedo una vez más con esa sensación del principio cuando caigo en la cuenta de que volví al circo.

Por ahí todos armamos el circo, y entonces vendemos instantes de destreza, risas, maquillajes, magia.

¿Quién no ha sacado alguna vez una paloma de la galera? ¿Acaso no nos hemos pintado una sonrisa que se fue al lavarnos la cara a la mañana?

Entonces vuelvo a mi insomnio, ese compañero que nunca desaparece, a veces pienso que me ama tanto que nunca me va a dejar. Prendo una vela para que me regale su luz, prendo un pucho más y me siento a escribir para poder plasmar la idea y que pare de matarme la cabeza y cuando termino digo… gracias… por nada y por todo, qué se yo… una vez más comparto pensares en un espacio y largo una idea al universo para que cada uno haga lo que sienta con ella.

Y sí, es un arte armar circos… y en algunos momentos formamos parte de la función, hasta que termina o vamos varias veces hasta que el circo se va, porque en algún punto hay algo que nos atrae una u otra vez a colgarnos del trapecio a pesar del riesgo de caer al vacío.

Paz. Lera.

domingo, 16 de agosto de 2009

LA DAMA DE HIELO

Hubo una vez, dos personas que se reencontraron por causalidad, en un extraño mundo dentro del universo. Mundo al que sólo muy pocos pueden entrar.

Éste mundo carecía de tiempo. Era un lugar donde, nadie recordaba este artefacto medidor, y en cuya sociedad solo se mencionaba el concepto en los cuentos de ficción.

Tampoco entendían el concepto, pues carecía de sentido instituirlo. No les servía.

Allí los cuerpos no eran importantes, sólo se consideraba el “ente”.

Estaba poblado de diversos personajes con un pasado que ya no recordaban; porque sólo podían permanecer los que se habían despojado de todo lo innecesario para poder amar y ser felices.

En realidad, sólo la potencialidad de poder lograr esto, era la condición para encontrar el camino que conducía a éste fantástico lugar, donde tanto el sol como la lluvia representan la alegría; donde el agua y el fuego son elementos precisos, y la tierra es venerada por sostenerlos y brindarles sus frutos.

En el lugar donde los glaciares permanecían ininmutables; se hallaba el único vestigio de otro mundo. La dama de hielo.

Cuenta la historia que ésta frágil mujer había llegado en una era que nadie conocía; porque había encontrado el portal para entrar por voluntad de las deidades; sólo sabían por indicios que ellos llamaban divinos, que su corazón estaba preservado allí, aunque no sabían muy bien de qué.

Si no se preservaba el corazón allí, sería indefectible la muerte de este ente.

Y como no sanaba, los habitantes del mundo; como eran muy sabios, dejaron excepcionalmente que se quede.

Entonces guardaron a la dama en un témpano y permaneció allí donde nadie podía acercarse a hacerle daño con espejismos de amor.

Y pasaron los siglos; dentro del bloque de hielo transparente, podían verla descansar en paz, con sus manos juntas sobre el pecho desnudo, los pies descalzos y flores blancas rodeando su cabeza a modo de corona, era lo que posaba sobre su cabeza. Flores que por ser mágicas, como todo allí, permanecían frescas en la eternidad.

Una túnica translúcida era su vestimenta. Dicen que cuando llegaba el alba, solo por un instante, los rayos del sol eran reflejados en sus cabellos e irradiaban rayos de oro que iluminaba todo el planeta fugazmente; para recordarle a todos que todo era posible; porque la dama no estaba muerta, estaba esperando, nadie sabía que a o quién, pero cierto embrujo hizo que si permanecía despierta, no podía olvidarse de contar el paso del tiempo.

Los lugareños echaban flores sobre las aguas heladas y los enamorados pasaban a contemplarla, para que nunca se olvide por qué había venido.

Y llegó por causalidad un alba, que hubiese sido como cualquier otra, un ser tan bello que hizo espejo en los rayos que la dama reflejaba y la luz fue tan intensa que el resto de los entes, despertaron inundados de una sensación tan extrañamente indomeniable y placentera que salieron desnudos de todo para tratar de capturar algo de ésta señal divina a través de sus superficies etéreas, porque supieron inmediatamente que inundados de esta energía ya no existía posibilidad alguna de que la muerte, fuese una entidad que pudiese alterar los amores sublimes. Ya nada podía obstaculizar la eternidad.

Corrieron hacia el lago plenos de vida, los entes, las musas, los seres abstractos y los animales también. Las deidades observaron complacidas desde lo alto y por primera vez, los entes las pudieron ver corporeizadas en todo su esplendor y perfección.

El ente recién arribado desde el universo, entro desnudo y camino en las aguas heladas hacia el témpano, y al contemplarla el hielo comenzó a ser agua y sin esperar que termine el derretimiento, trepó sin dudar para alcanzarla. Y la dama abrió los ojos, como si siempre hubiese sabido que era el momento preciso para hacerlo; y en el encuentro de sus ojos supieron que habían terminado, la espera para ella y la búsqueda para él. No hicieron falta palabras, el cuerpo del témpano había recobrado calor, el alma del ente sabía que ya nunca desaparecerían, y las deidades lloraron de emoción ante tanta hermosura y cuando unieron sus bocas en un beso se estremeció el universo…

Desde entonces, cuenta la leyenda, que todo aquel que haya sentido que su amor existe, y si existe “es”, sólo debe encontrar el portal que lo conduzca hacia este mundo que no está en ninguna parte física, donde todo es posible porque sólo se encuentra por la convicción de que existe, que nada es imposible, que la inercia es solo inercia, que es el deseo el que pulsa y conduce hacia donde el corazón quiera ir y despojado de todo el ente finalmente puede amar plenamente.

En este mundo sin tiempo cada alba y en cada ocaso se honra el amor haciéndolo posible sin temor a perderlo.

Paz Lera.

jueves, 4 de junio de 2009

            MOMENTOS COMUNES

 

            Mezcla extraña de momentos de felicidad,  tristeza, temores, y vaya uno a saber cuantos sentimientos más que tal vez no tengan siquiera nombre.

 

            El asalto de su recuerdo que viene a conmover el corazón y a erizar la piel, y de pronto la angustia porque no está y lo que es peor; no estará. Él que nunca terminó de acercarse pero tampoco de irse.

 

            La tristeza de la que pensó que era amor y se confundió tanto que se quedó sola e indefensa con un hijo en el vientre. Hijo que llegará a éste mundo a zambullirse en un mar revuelto por las heridas despiadadas y la soledad más cruel, la que se provoca por la hipocresía del que supone que expiará sus pecados en un retiro.

            Nunca mejor dicho, un espíritu que se retira a esconderse tras el disfraz de un rezo vacío.

            Si existe el infierno, es el que provocó acá, en éste espacio y en ésta dimensión.

 

Cristo en el cielo, yo en la tierra y El también conmigo, con vos y con ellos.

 

            Felicidad, sí. La del los adolescentes, jóvenes y viejos que contagian esas ganas de tomar la vida con ambos brazos y abrazarla muy fuerte; al verlos disfrutar de lo más simple, del sentimiento que otros medirían en milimicrones como si fuesen lo macro, lo imposible.

 

            Ese chiquito Down que sonríe y te acaricia amoroso; esa mirada pura que no sabe ser ingrata, a pesar de los que se alejan por temor a lo desconocido, o porque se creen supuestos “sanos e inteligentes”.

 

            La destreza del chico que patea la bocha como Maradona a pesar de que la panza le haga ruidos porque pasa días sin comer, y se siente “ el diez” y vitorea con los bracitos flacos en alto como si todo el estadio estuviese vivando su nombre. Y se queda mirando al cielo, parado sobre las patas sucias, disfrutando del momento glorioso; para acostarse a soñar con ese “gol” imaginario en un escalón de piedra dura.

            Entonces sueña que viene “el Diego” y le dice, “vamos pibe yo también tuve ese sueño y es posible”, y disfruta sueños de oro.

 

            La madre que sostiene la mirada de su hijo de veinte años igual que cuando tenía días de vida.

 

            Esa mascota que espera la caricia día a día, y solo sabe dar compañía y hacer desorden. Ese perro  al que le contamos lo que nos pasó y nos escucha atentamente sin juzgarnos; el gato que se refriega en tus pantalones nuevos y los llena de pelos; pero no te importa porque sólo él puede ronronear cuando recibe tus mimos.

 

            La injusticia, la que ejercen los injustos. Los que creen que serán felices porque otro paga el coste de su materialismo.

 

            Los amores ¡cuántos! De pareja, de abuelos y nietos, de padres e hijos, de familiares, de amigos, de los hijos de éstos.

El tuyo y el mío, el nuestro.

 Los de verano, los de invierno, los adolescentes, los maduros, los del otoño de esta vida, los de la vejez; con más mates, canas, arrugas, dolencias y compañerismo. Ese sí que manso,  no desperdicia ni un segundo, porque está más cerca la parca que acecha el cuerpo gastado.

 

            Los que se extrañan porque las vueltas del destino ponen distancias inconmensurables que hacen que se le caigan lágrimas al corazón, pero se bancan porque a veces para alcanzar ciertas metas hace falta irse lejos.

           

            Los reencuentros, esos que marcas día a día en el almanaque esperando que se produzcan.

 

                        Las cuentas regresivas; para los nacimientos, las vacaciones tan esperadas, para el cumpleaños de quince, la boda. Para que te entreguen tu primer departamento, para que lleguen las cero horas del 31 de Diciembre. Y una vez más, renovamos esperanzas, hacemos promesas para el año que comienza y anhelamos profundamente que sea mejor que el anterior.

 

            Los hijos que crecen, los padres que maduran, los “trapos” que envejecen. Y mirás para atrás y te preguntás ¿ese era yo?, y como somos optimistas y Narcisos decimos “pero ahora soy más interesante y más sabio”.

 

            Los sueños cumplidos, los que se van a cumplir.

            Los proyectos que diseñamos.

            Las personas que pasaron por nuestras vidas.

            Las mañanas que te invitan a seguir adelante, cueste lo que cueste. El colibrí que me visita todas las tardes, mi mate, mis silencios, mi pensamiento colgado en alguna fantasía, mis ojos mirando las palabras que garabateo en el papel.

 

            El insomnio de los insomnes.

            Las lágrimas de los que sufren.

            El incomprensible lugar de la locura.

            Los truenos de esta noche tormentosa, y las luces del barrio que se van apagando una a una, porque ha llegado la hora del descanso. Fin.

 

                                                                   Paz.  Lera.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Gracias a las redes de amor que se tejieron para él, pudo apropiarse de las estrategias que lo ayudaban a funcionar, no sin esfuerzo, para realizar hasta las cosas que a todos nos resultan muy simples.
Iván, “el niño de la memoria prestada” había tenido que madurar apresuradamente.
Contaba con unos trece años cuando dejamos de verlo. Serio, pero con sentido del humor. Resignado a su dolencia, pero no a bajar los brazos para salvar los obstáculos que se le proponían.
Iván, un ejemplo de vida. Alguien que a pesar de las adversidades en las que estuvo inmerso, era feliz y capaz de amar y recibir amor; y de tal forma que contagiaba esta energía que movilizó a los que lo conocimos a poner un plus a nuestras inercias. A esas que a todos alguna vez nos arrastran. Porque a todos alguna vez les oí decir:

“No puedo dejar de buscar las formas de aportarle algo desde mí, viendo el esfuerzo que hace y lo amoroso y agradecido que es”
Todos tuvimos algo para aprender de él.

“A estar agradecido por tu vida”.

FIN.

lunes, 18 de mayo de 2009

Estos cachetazos enseñan que los avances del siglo XXI aún no tienen respuestas para muchas cosas.

El ejército de profesionales que denodadamente trataban de asistirlo, chocaban con la impotencia de no encontrar respuestas.

 

Iván era un niño amado, querible y con una asombrosa claridad acerca del obstáculo que le presentaba su memoria, el que, aunque lo angustiaba por momentos, tenía absolutamente asumido como parte de su ser, y lo aceptaba sin más.

Como si heroicamente el niño, hubiese aprendido a confiar en los recuerdos prestados por otros. Y aceptaba estos como “reales”, sin encubrimientos.

 

Bondadoso como pocos.

El deterioro físico de su madre , y su pareja que actuaba como quien cumpliera su misión redentora de los pecados propios, no hacían mella en Iván a la hora de preocuparse por ella.

Con los recursos que le quedaban se ocupaba de cuidarla en todos los sentidos.

La atendía cuando quedaba sumida en el dolor físico, la ayudaba en su trabajo para procurarle un dinero y en medio de todo trataba de estudiar.

 

En la escuela también encontró un espacio de contención.

Los docentes y el equipo de psicopedagogos trabajaban con cariño en pos de su bienestar.

Pero Iván tenía asumido que este año pasaba y el otro no. Era algo así como parte de la rutina del sistema, que  pesar de ser atroz, tiene integrantes que dejan todo por un niño, sin preocuparse de sus salarios que no alcanzan para pagar las comunicaciones telefónicas, ni sus búsquedas de información en Internet, sin importarles las pérdidas económicas que implicaban éste acto de amor.

 

Con el transcurrir del tiempo, Sofía empeoraba.

Cada vez eran más intensos sus dolores, que la obligaban a quedarse en cama.

Entonces Iván estuvo propuesto a ayudarla.

Salía a vender sábanas y toallas por las casas del barrio. Le preparaba el té y acompañaba a su madre todo el tiempo que podía.

 

Iván cuidaba no sólo de su madre, sino a la que guardaba sus memorias…quizás para compensar la culpa que sentía por haberle transmitido la enfermedad que ella misma ignoraba tener al momento de concebirlo.

 

 

(continuará)

 

lunes, 11 de mayo de 2009

A pesar de haber recibido tratamiento, la pobre Sofía lo recibió tardíamente.
Pasó la mayor parte de su adolescencia en la casa de una “madre” que la alojó como a un animal enfermo; alimentándola de las sobras y sin contacto con nadie.

Finalmente fueron recibidos por el abuelo de Iván, quien se ocupó de que recibiera atención médica y viviese como un ser humano, sin embargo, tuvo que soportar los golpes y su nombre cambió de Sofía a “puta como tu madre”.

Como suele suceder, en medio de tanto horror, apareció Lucía.
Lucía era la pareja del abuelo.
Según Sofía, se adoptaron mutuamente como madre e hija.
Lucía fue todo lo que no había conocido de una madre, y se convirtió en la abuela de Iván.
Era quien intercedía entre la violencia de éste padre cruel y le brindó el amor que hace que todo pueda ser posible.
La “acompaño” para que pueda volver a vivir.

Iván conoce toda su historia.
A pesar de tener recuerdos vagos, flashes, imágenes difusas de lo momentos vividos, los tiene grabados en algún lugar de su disco rígido, como archivo oculto y los relata con lujo de detalles, aunque siempre aclara que todo le fue narrado, es decir, aclara que sus memorias son “prestadas”.
Resignado, aclaraba esto cada vez que transmitía algo acerca de sí.
Te podía contar una película completa, con lujo de detalles; sin embargo no recordaba haberla visto. Su relato era el que Sofía se ocupaba de contarle incluyendo los pormenores de la manera más vívida posible.
Ningún profesional podía dar cuenta del funcionamiento de ésta memoria que era incapaz de almacenar la vivencia propia.
Sin embargo, todos indagaron acerca del tema para poder ayudarlo a tener “memoria propia” y la ciencia no daba respuestas.
Orgánicamente no había motivos, la etiología: “secuela de Sífilis”.


(continuará).