
Febrero jamás será lo mismo.


Circos. Pienso en ellos y por una cantidad de motivos, me generan tristeza.
Será tal vez porque son nómades, porque existe una praxis que se repite una y otra vez para armarlos y desarmarlos rápidamente.
Por la imposibilidad de arraigo y supongo, el desarrollo de una capacidad para vincularse con un lugar y su gente sabiendo que la partida es inminente y que donde estuvo posada la carpa, volverá a quedar un potrero vacío, con una zona de pasto aplastado y amarillento, con todos los pozos y marcas que enterrados a martillazos hicieron los fierros que se clavaron para sostener la estructura.
Tomo la imagen de un solo actor del mismo. Él tienen la rutina de preparar un show, quizás siempre el mismo y estereotipado acto que se repite noche tras noche conmoviéndolo mientras lo realiza, aún sabiendo que nadie ve su ser detrás del disfraz. Me quedo con imágenes, estéticas, hermosas. Esas que promueven una emoción cuasi creíble y volviendo a las imágenes, quedo inundada del ataque de sensaciones que me genera y me pregunto ¿qué esconde tras la muralla? ¿Qué tapa ese maquillaje? ¿Por qué este cuerpo necesita ser sostenido por el histrionaje?
Y siempre vuelvo a caer en mi lugar común, no puedo para de hacerme preguntas. Preguntas que por otro lado sé que no tendrán respuesta; por lo tanto sé también que me quedaré con mis hipótesis y con la curiosidad sin resolver.
Y si le pregunto al actor, me devolverá un mar de palabras en un discurso armado que forman parte del atuendo para el acto. Sólo a través de los fallidos o de saber que recurre a una palabra y no a otra sin saberlo escucho que desesperadamente siente que tiene que zafar. Tal vez hasta supone que lo estoy acorralando y como ya fue cazado una y mil veces cuando pudo salir del circo por un tiempo, se asusta y vuelve a buscar rápidamente las palabras que no le prometen nada pero que le devuelven el personaje que quiere mostrar.
Entonces dejo al actor y decido quedarme con lo que disfruté del acto. A pesar de que también escuché que encontraría una pieza maravillosa en mi excavación arqueológica, no puedo osar intrusar lo que tan meticulosamente han enterrado y callo.
Sería fascinante poder penetrar ese sentimiento y tal vez liberarlo por que la parte apasionada del artista que se expresa con sonidos instintivos, animales y salvajes; esos si los puede largar despojados de todo, el desenlace de su obra es absolutamente real; mezcla de éxtasis y sufrimiento “porque se termina”.
Y vuelvo a pensar ¡Cuántos circos visitaré sin darme cuenta! ; porque como no me gustan, compro la entrada por mi auto engaño y me quedo una vez más con esa sensación del principio cuando caigo en la cuenta de que volví al circo.
Por ahí todos armamos el circo, y entonces vendemos instantes de destreza, risas, maquillajes, magia.
¿Quién no ha sacado alguna vez una paloma de la galera? ¿Acaso no nos hemos pintado una sonrisa que se fue al lavarnos la cara a la mañana?
Entonces vuelvo a mi insomnio, ese compañero que nunca desaparece, a veces pienso que me ama tanto que nunca me va a dejar. Prendo una vela para que me regale su luz, prendo un pucho más y me siento a escribir para poder plasmar la idea y que pare de matarme la cabeza y cuando termino digo… gracias… por nada y por todo, qué se yo… una vez más comparto pensares en un espacio y largo una idea al universo para que cada uno haga lo que sienta con ella.
Y sí, es un arte armar circos… y en algunos momentos formamos parte de la función, hasta que termina o vamos varias veces hasta que el circo se va, porque en algún punto hay algo que nos atrae una u otra vez a colgarnos del trapecio a pesar del riesgo de caer al vacío.
Paz. Lera.
Hubo una vez, dos personas que se reencontraron por causalidad, en un extraño mundo dentro del universo. Mundo al que sólo muy pocos pueden entrar.
Éste mundo carecía de tiempo. Era un lugar donde, nadie recordaba este artefacto medidor, y en cuya sociedad solo se mencionaba el concepto en los cuentos de ficción.
Tampoco entendían el concepto, pues carecía de sentido instituirlo. No les servía.
Allí los cuerpos no eran importantes, sólo se consideraba el “ente”.
Estaba poblado de diversos personajes con un pasado que ya no recordaban; porque sólo podían permanecer los que se habían despojado de todo lo innecesario para poder amar y ser felices.
En realidad, sólo la potencialidad de poder lograr esto, era la condición para encontrar el camino que conducía a éste fantástico lugar, donde tanto el sol como la lluvia representan la alegría; donde el agua y el fuego son elementos precisos, y la tierra es venerada por sostenerlos y brindarles sus frutos.
En el lugar donde los glaciares permanecían ininmutables; se hallaba el único vestigio de otro mundo. La dama de hielo.
Cuenta la historia que ésta frágil mujer había llegado en una era que nadie conocía; porque había encontrado el portal para entrar por voluntad de las deidades; sólo sabían por indicios que ellos llamaban divinos, que su corazón estaba preservado allí, aunque no sabían muy bien de qué.
Si no se preservaba el corazón allí, sería indefectible la muerte de este ente.
Y como no sanaba, los habitantes del mundo; como eran muy sabios, dejaron excepcionalmente que se quede.
Entonces guardaron a la dama en un témpano y permaneció allí donde nadie podía acercarse a hacerle daño con espejismos de amor.
Y pasaron los siglos; dentro del bloque de hielo transparente, podían verla descansar en paz, con sus manos juntas sobre el pecho desnudo, los pies descalzos y flores blancas rodeando su cabeza a modo de corona, era lo que posaba sobre su cabeza. Flores que por ser mágicas, como todo allí, permanecían frescas en la eternidad.
Una túnica translúcida era su vestimenta. Dicen que cuando llegaba el alba, solo por un instante, los rayos del sol eran reflejados en sus cabellos e irradiaban rayos de oro que iluminaba todo el planeta fugazmente; para recordarle a todos que todo era posible; porque la dama no estaba muerta, estaba esperando, nadie sabía que a o quién, pero cierto embrujo hizo que si permanecía despierta, no podía olvidarse de contar el paso del tiempo.
Los lugareños echaban flores sobre las aguas heladas y los enamorados pasaban a contemplarla, para que nunca se olvide por qué había venido.
Y llegó por causalidad un alba, que hubiese sido como cualquier otra, un ser tan bello que hizo espejo en los rayos que la dama reflejaba y la luz fue tan intensa que el resto de los entes, despertaron inundados de una sensación tan extrañamente indomeniable y placentera que salieron desnudos de todo para tratar de capturar algo de ésta señal divina a través de sus superficies etéreas, porque supieron inmediatamente que inundados de esta energía ya no existía posibilidad alguna de que la muerte, fuese una entidad que pudiese alterar los amores sublimes. Ya nada podía obstaculizar la eternidad.
Corrieron hacia el lago plenos de vida, los entes, las musas, los seres abstractos y los animales también. Las deidades observaron complacidas desde lo alto y por primera vez, los entes las pudieron ver corporeizadas en todo su esplendor y perfección.
El ente recién arribado desde el universo, entro desnudo y camino en las aguas heladas hacia el témpano, y al contemplarla el hielo comenzó a ser agua y sin esperar que termine el derretimiento, trepó sin dudar para alcanzarla. Y la dama abrió los ojos, como si siempre hubiese sabido que era el momento preciso para hacerlo; y en el encuentro de sus ojos supieron que habían terminado, la espera para ella y la búsqueda para él. No hicieron falta palabras, el cuerpo del témpano había recobrado calor, el alma del ente sabía que ya nunca desaparecerían, y las deidades lloraron de emoción ante tanta hermosura y cuando unieron sus bocas en un beso se estremeció el universo…
Desde entonces, cuenta la leyenda, que todo aquel que haya sentido que su amor existe, y si existe “es”, sólo debe encontrar el portal que lo conduzca hacia este mundo que no está en ninguna parte física, donde todo es posible porque sólo se encuentra por la convicción de que existe, que nada es imposible, que la inercia es solo inercia, que es el deseo el que pulsa y conduce hacia donde el corazón quiera ir y despojado de todo el ente finalmente puede amar plenamente.
En este mundo sin tiempo cada alba y en cada ocaso se honra el amor haciéndolo posible sin temor a perderlo.
Paz Lera.